viernes, 24 de agosto de 2012

EN BOCA CERRADA...



Meter la pata ha sido y es una virtud adquirida el mismo día que abrí los ojos y vi a las enfermeras que me asistían en el parto fumar un ducados. No recuerdo nada, lógico es, pero estoy seguro que un recibimiento como aquel me marcó.


Las anécdotas de mis deslices se pueden contar por miles, por millones. Recuerdo una con especial cariño. Tendría alrededor de 18 años, pesaba 70 kilos y tenía un volumen capilar tan denso que parecía un querubín. Había suspendido química de la forma más boba posible, estaba intentando ver el examen de la empollona de la clase, al acercarme para ver mejor (ahí me di cuenta de mi miopía), me resbalé cayendo encima. Mi frase cuando termino el estruendo fue:”No es culpa mía”. Si lo fue y repetí un curso con solo química. Ese año me lo pasé estudiando, saliendo de copas todos los días y recibiendo clases particulares de manos de una querida amiga de Alzira.

Aprobé el curso (lo digo dignamente) y fui a agradecer a mi profesora ideal su estimable ayuda. Le lleve una tarta de chocolate (babeo aun cuando oigo la palabra chocolate) y estuvimos riéndonos, criticando (tónica mía) y comiendo. Sonó el telefonillo de la puerta y ella se levanto a descolgar y preguntar quién era, me dice que viene Manolo…¡¡¡MANOLO!!! Manolo era en una escala de plasta de 1 al 10 yo le pongo 1320. Era tan pesado que la losa que cubre al dictador es comparada a él como una grácil pluma, de esas que a veces suelto sin querer. Pues eso, que Manolo era la persona que menos quería ver allí. Me puse muy nervioso, le suplicaba que me escondiera debajo de la cama. Ella me rogaba que no me preocupara. Yo le imploraba que me ocultara en la bañera y ella me decía  que no era tan pesado. Yo le respondí:”Que sabrás tú, es un plomizo de tío”, estas palabras sonaron y resonaron.
 Entró Manolo viéndome a mí moverme de un sitio a otro. Le dije que el café me ponía nervioso. Ella se acerco a él y le dio un beso en la boca. Un beso tierno y muy romántico. Conforme seguían besándose y mirándose, mi vergüenza crecía al igual que la desconfianza en nuestra economía.
Si, fui un ogro. Ese hecho me hizo reflexionar sobre muchas cosas:

A) Meto la pata más que hablo.
B) La tarta de chocolate estaba buenísima.
C) Lo que para mí es un asco para otros es un tesoro.
D) Estaba realmente delgado, podría haberme metido debajo de una cama.
E) El amor te hace ver príncipes azules donde  suele haber troles.

Al cabo de muchos años coincidí con los dos. Fueron a comprarme unos electrodomésticos, el me dijo antes de nada que no quería ser pesado y que me los compraba a mi. El sentimiento de ser una mala persona me hizo antes de nada pedirles perdón sincero. Perdón por haber sido tan prejuicioso y tan frívolo.

Ah!, y su venta me repercutió 500€ de comisión.






3 comentarios:

  1. Genial! simplemente genial, como me río contigo jajjaa un abrazo

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  2. Me he descojonado...Me ha alegrado el inicio de las holidays...BESOS PETARDING!!!

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