miércoles, 10 de julio de 2019

SUMMER AFTERNOONS


Estas tardes de principios de verano, cuando no trabajo, ver películas y series hasta que el sol pierde fuerza, es una costumbre que tengo desde pequeño. Pasar la siesta en casa con una colchoneta en el suelo y ver la tele.

Recuerdo ver la peli “Princesas” de Fernando León. La trama gira en torno a dos chicas que ejercen la prostitución y poco más voy a contar, tendréis que verla. Toda la cinta está llena de frases que se pueden aplicar las personas que siempre estamos anhelando que la vida puede ser mejor.

Una de las frases va a ser el comienzo de una historia que le ocurrió a una amiga mía. Y hace años que no sé de ella.

 “Dicen que las princesas no tienen equilibrio, son tan sensibles que notan la rotación de la tierra. Dicen que son tan sensibles que enferman si están lejos de su reino, que hasta pueden morir de tristeza.” 

Pues esto que acabo de citar, en parte, la describiría a ella. Una chica con una sensibilidad tan notable que era muy fácil apreciar su fragilidad, aunque contrarrestaba con su firmeza para defender unos valores tan bien asentados como el Panteón de Agripa.

Pasó más de media vida al servicio de todo el mundo que la rodeaba para cuidar siempre que todo fuera agradable. No os podéis imaginar lo que cansa dicha decisión, ya que todos no se quedan contentos al cien por cien.

Siendo jovencita tuvo que ser intervenida de una grave operación de corazón, con la consecuencia de arrastrar una cardiopatía de por vida. El médico le dio esperanzas muy limitadas. Ella optó por vivir, no por pensar el tiempo que le quedaba, y eso me parece muy sabio.

Pasada la cuarentena, el amor hizo acto de presencia. De la forma más inesperada una compañera de trabajo le presentó a un chico muy simpático, que se interesó por ella de inmediato. Estar al servicio de todo el mundo hace que uno no se cuide a sí mismo. El resultado es que la desconfianza se apodera de ti y no crees que nada bueno de la vida te pueda ocurrir. Así que durante un tiempo la  desconfianza que tenía sobre ella se traspasó a la relación y decidió darla por zanjada por qué no lo veía claro, la de veces que oído eso yo.

Pero este mozalbete sabía que ella era su princesa e insistió hasta que cambio de opinión. Entonces empezó una de las historias más bonitas de amor que he visto en mi vida.

Un amor maduro lleno de sorpresas, viajes y mucha alegría. Hoy estaban en Madrid, mañana en París. Cenando en su casa a solas o paseando por Oporto al atardecer. Todo esto lo sé porque me fue contado a toro pasado, no sabíamos nada ni remotamente. Una relación en privado donde apenas se sabía nada y, la verdad, es lo más acertado que hizo.

Un día, que no recuerdo bien, ella y él se prometieron ante el altar ser marido y mujer con todo lo que conlleva. Lo hicieron casi en solitario, romántico a más no poder.

Los que me conocéis sabéis que cuando se dan estas noticias yo soy de ponerme ansioso hasta que tengo toda la información. Así que me dediqué en cuerpo y alma a propiciar una quedada para cenar. Quería conocer al marido, cotillearlo, ver fotos de su boda y todo eso que sabéis que me vuelven loco

Después de unos meses, por fin, un sábado quedamos a cenar en el centro de Murcia para hacer la presentación. Estaba deseando verla, porque hacia muchísimo que no sabía de ella y quería hacerle una radiografía, propia de la ciudad sanitaria Virgen de la Arrixaca, a su marido.

 Había reservado en un restaurante donde apenas se oye ruido en Murcia (rarísimo aquí) para poder oír todo bien lo que nos contaría.

19.00 horas más menos nos dice en un mensaje que apenas podía caminar, se encontraba muy fatigada, sintiéndolo mucho tenía que cancelar la cena. Vaya por Dios…

Yo me interesé por su cansancio, que no pasaba nada por cancelar, pero que debía de ir a algún centro sanitario, que su historial médico era para preocuparse un poco. Mis ganas por saber de la boda se transformaron en preocupación por ella. Me dijo que, en despertarse de la larga siesta que se estaba echando su marido, la acercaría
.
Era una pena porque todos teníamos muchas ganas de verlos, pero lo que prima, prima.
Fuimos a cenar todos, creo recordar que fue en un buffet de esos que hay mil tipos de pasta y pizzas. En ese momento mi figura me la traía al pairo y zampaba de lo lindo, así que era cliente “non grato” para los buffets.


Miércoles de la semana siguiente. Nos llega un mensaje de Whatssapp:
“(….) murió el sábado por la noche, ayer lo enterré, rezad por él y debéis de entender que lo hiciera apenas sin nadie, quería despedirme de él así”

Aun me sigo quedando impactado al recordarlo. Noticias así son muy difíciles de asumir.
Al tiempo nos contó cómo fue. Después de hablar con nosotros se tumbó en el sofá, pasaron 40 minutos y le resultó extraño que su pareja no se hubiera despertado de la siesta. Fue a la habitación a despertarlo y al ver que no reaccionaba ni con su voz ni con los toques de su mano, vio lo que menos se podía pensar. Él yacía de costado sin vida y su realidad tuvo una visión difusa de repente.


Esta historia me acompaña mucho -junto con tu voz de bajos decibelios y tu cariño para hablarme. Es hablar de ti y acordarme de él (aunque no lo conociera). En vuestra boda hicisteis delante de Dios el pacto de “Hasta que la muerte os separe”, pero hay sentimientos que traspasan el espacio-tiempo y él está esperando para que podáis seguir hasta la eternidad.

La princesa obtuvo algo que muchos no conocemos ni de lejos, un amor Mayúsculo, recíproco y bonito, aunque no haya durado mucho tiempo.

Hace un tiempo entró a mi óptica una señora que me dijo que no se ponía las gafas porque la realidad era muy impactante desde que su marido falleció. Una frase que me pareció poética y preciosa para ponerla en esta entrada, pero después de narrar lo de mi amiga debo rebatirla y ponerla al final. Nada como vivir la realidad que nos toca, tanto como si son historias de amor o no.

Desde mi rincón de escribir te digo que eres una afortunada, pero de las grandes. El final fue trágico, pero ¿lo que viviste no fue precioso?





viernes, 10 de mayo de 2019

WHY NOT, DARLING


Acabo de terminar de comer y vengo paseando al trabajo, a paso ligero. Mi instinto de mirón no me lo quita nadie, vengo observando el gentío que suele haber en Murcia un sábado al mediodía.

Hoy especialmente es más concurrido porque hay un festival de música. Mi ciudad de adopción está plagada de modernos y pseudo modernos. La camisa hawaiana junto con el pantalón vaquero de tiro alto, gafas de sol imposibles y las Birkensotck (sandalias que adoro y que no puedo costearme) es el uniforme que veo junto más outfits sacados de un catálogo de E-comerce de una multinacional de ropa económica.

La juventud es osada y repetitiva. Un selecto grupo se atreve a probar algo nuevo y el resto copia. Imitar lo que ves es un acto reflejo de personas que no tienen claro que hacer, donde pertenecer. Yo fui uno de esos. Hacía, repetía y adoptaba formas, costumbres y vicios que no eran parte de mí. Pero he de reconocer que a raíz de todo eso, me hicieron ser yo mismo.

Me gustaría hablar de un coqueteo, de unos años, que tuve con una sustancia colombiana (aunque ahora dicen que viene de Venezuela). Durante unos pocos años fue el aderezo a mis fiestas de fin de semana. Ahora me pregunto muchas veces porque me deje llevar, porque me era imposible salir sin ese condimento, mi respuesta es muy clara: Por Amor.

Amor…más bien desamor, desamor conmigo mismo. No estaba agusto con nada de lo que rodeaba, ni siquiera estilísticamente. Cuando empezaba el ritual todo cambiaba y disfrutaba, aunque fuera de forma ficticia.

Tengo una anécdota no muy elegante pero creo que debo contarla.

Sábado por la noche de un caluroso verano en Santa Pola, el nombre de la discoteca ni me acuerdo. Pero estaba súper concurrida. Lo que más recuerdo era que estaba lleno de chicos muy guapos.
Pero a lo que iba, entramos un grupo de amigos y lo primero que hicimos fue investigar donde estaba el boticario que nos facilitaría “eso”. Lo localizamos de una forma rápida y efectiva.

He de decir que yo no estaba muy católico, tenía un cuerpo más bien pre constipado.
Mi ansia por animarme me hizo ponerme yo el primero y me fui al baño derecho. Allí me encontré con  una cola de mucho cuidado había,  25 personas por lo menos. Diría que estuve 10 minutos esperando.

¡Por fin me toco!

Al introducirme en el minúsculo excusado y cerrar la puerta, vi que no tenía pestillo, Mal presagio. No era de mi gusto que nadie me viera hacer nada delictivo.

 Dicha composición se esnifa por la nariz, para sea más rápido su efecto de alegría y buen rollo. Allí estaba yo, con mi pandero haciendo palanca para que nadie abra la puerta y me vea medicarme.

La alegría y el buen rollo no hicieron acto de presencia, pero si un retortijón de mucho cuidado. Era como si mi tripa fuera una lavadora y estaba a punto de empezar el programa desagüe.

Como pude me bajé los pantalones y poner una de las posiciones más extrañas para hacer tan digna necesidad. Con una pierna en la puerta y otra para guardar el equilibrio, mi cuerpo defecaba como si no hubiera un mañana. Estuve dos minutos así.

En esos eternos dos minutos me vinieron muchas cosas a la cabeza, la más repetitiva fue que por que tenía que haber hecho eso. Qué necesidad de tener que recurrir a algo tan químico para hacer algo tan natural como estar alegre.

Cuando termino de evacuar, con la mano busco donde está el papel higiénico, como a manotazos. En  la pared derecha no encuentro nada y eso que toco toda la pared a palpón. Acto seguido con la izquierda…¡¡¡Ahí tampoco hay nada!!!

No me puedo creer que no haya papel en ese maldito excusado, era relativamente pronto como para que algún cafre lo haya quitado. Esto no podía pasarme a mí.

¿Acaso no era bastante  ese cólico explosivo e impredecible?

Me pongo a pensar como me higienizo, entonces pienso, que las tarjetas de visita que tenía en la cartera podrían ser una opción válida. Fueron efectivas, dolorosas y no voy a contaros como las utilicé.

Terminé de la forma más digna posible dicha proeza. Salgo del baño como si nada hubiera ocurrido, con esa flema mía. Al cerrar la puerta veo que casi todos los allí estaban se giran hacia mí, con unas caras de desaprobación total. Me di cuenta de que el olor me delató. Bajé la cabeza y salí de aquel infierno en busca de mis amigos.

Nada más llegar les tiré las sustancias a todos ellos y dije que me marchaba de forma inmediata. Intentaron convencerme, pero yo, amante de los cotilleos y del salseo, ví que el suceso del baño iría de boca en boca por toda la macro discoteca, era cuestión de minutos que alguno me localizara con la mirada y de forma inmediata seria el cagón oficial de dicho local. Eso no podía ocurrir. No sabría  quien querría ser en mi vida, pero el cagón de discoteca no.

Este suceso fue el desencadenante de que mi coqueteo colombiano-venezolano tuviera  el cese definitivo. Se me rompió el amor de sopetón.

Por desamor he hecho muchas cosas donde no he estado acertado que digamos, pero este desamor me vino muy bien y a mi frágil economía.

Dicha sustancia me servía para alargar noches, estados ebrios y bailes que no eran necesarios. También la realidad era distorsionada, pensaba que las noches eran divertidas y locas cuando en realidad eran constantes viajes al WC.

Hace ya mucho tiempo de esto, pero la reflexión la tengo muy presente: “Si algo no te hace bien déjalo, Aunque creas que sí”.






jueves, 28 de marzo de 2019

ALL ABOUT MY GREAT-GRANDMOTHER



Hace unos días estuve en Barcelona para celebrar que mi tío Manolo cumplía 90 años, con lo que conlleva eso. Una celebración bastante divertida donde discutimos mucho y comimos más.
Si alguien quiere saber el secreto de la longevidad, tras observar durante años a mí tío Manolo, yo apostaría que se trata de algo tan sencillo como tener inquietudes, aprender de todo lo que ofrece la vida y tomar infusiones de tomillo en ayunas.


Hablando de mi familia no puedo obviar los orígenes. Empezaré con mis bisabuelos paternos por parte de Abuelo. Os preguntareis el porqué de dicha selección, pues porque toda la ironía, las ganas de bailar, la guasoneria y el optimismo radican ahí. Eso y la innata forma de ayudar a quien te lo pida.


La Ma Pepa y el Pa Ramón.


 Estos señores  nacieron en la ilustre Orihuela a mediados del siglo XIX, se casaron y se fueron a vivir y trabajar a una Finca en una pedanía, que hacía poco tiempo que tenía iglesia. Allí se instalaron en una barraca con techo de paja, comúnmente se le llamaba Barraca de mantos.

Ramón era muy piadoso, de rezar todo el día. El recitar tantos salmos y plegarias cada media hora le impedía cumplir con los trabajos duros de la huerta. No puedo olvidar que tenía especial talento para la guitarra.


Este post va a girar sobre ella,  Pepa. Porque la anécdota que os voy a relatar tiene el sello de las personas buenas, independientemente de cómo se comporten.
Pues ella era una luchadora. Tenía el súper poder de  levantarse al alba para ponerse a trabajar. Mantener limpia su casa, cuidar los animales y vender conejos en el mercado eran sus cometidos diarios.


Al final del día, para sobrellevar su carga, bebía algún que otro vaso de vino. Cuando las penas y el dolor de rodillas se disipaba, se  arrancaba con un: ¡¡¡Ramón, tiémplame una malagueña!!!  Para arrancarse a bailar como la bella Otero, despeinada y ebria de alegría.

Eran unos bisabuelos peculiares.

La anécdota es la siguiente. Que tiene un toque de leyenda, también os digo

Desamparados, 1938 más menos. La guerra civil no tiene visos de acabar, de hecho es cuando más descarnada estaba. Toda la comarca era pasto de caos y de miedo, miedo por ser señalado tanto por pertenecer a un bando como de otro. Nadie hacia  vida vecinal por temor a ser llevado en un carro y no volver nunca más.
Pues Pepa estaba cocinando unas “Pelotas”, cantando alguna copla, cuando se da cuenta que en el bancal que tenía detrás había un hombre alto, moreno, muy delgado. Estaba con un palo y un cuchillo. Hacia como que jugaba con dichos instrumentos. Llama a Ramón, a gritos, para decirle que llamara a la criaturica, que se viniera a comer con ellos,  Ella tenía por costumbre dar un plato de comida y un cigarro a todo el que pasaba por su casa a pedírselo.

“Cuántas cosas malas se ven en esta guerra Ramón, cuantas cosas malas” Pepa le susurra al oído de Ramón.

No solo se quedó a comer, ya que se instaló en altillo de la barraca, ya que prácticamente todos los hijos vivían fuera. Así, como de repente, tuvieron otro hijo, más crecido y que apenas hablaba.


El inquilino se marchaba al alba con un pedazo de pan con un trozo de fiambre que Pepa le había preparado la noche antes. Volvía por la tarde, a la cena. La verdad es que ninguno de los dos se preguntaba dónde se marchaba ni qué hacía a esas horas fuera, pero volvía con cara de miedo atroz y con muchas peonzas, que intuían que fabricaba.


“Angelico, que le habrá paso Ramón a esta criatura para que no diga ni mu y tenga esta cara de susto todo el día” reflexionaba Pepa en la cama con su marido.


Pasaron cerca de  8 meses cuando un día desapareció, nunca más volvió. No es que nadie se acordara, pero coincidió con el fin de la guerra y dicha alegría inundó a todo el barrio. La verdad es que no se acordaron mucho, pero intuyo que Pepa pensaría que habría vuelto al sitio de donde vino.


La vida empezó a transcurrir con otra normalidad, se impusieron otras normas de conducta, más acordes con la moral de los vencedores. Pero mis bisabuelos seguían pasándoselo pipa, él con la guitarra y ella danzando y bebiendo. Eras personas que no tenían nada que demostrar y si los conocían por ser alegres, pues lo harían sin ningún control.


Al cabo de un tiempo, durante una de las tardes de vino y risas, un coche aparcó delante de la barraca

Tremendo susto se darían.


De dicho coche bajó un obispo, con toda su indumentaria correspondiente. Una autoridad de la Iglesia.

Pepa era muy rápida y dispuesta como ella sola. Y, enseguida, reconoció a su criaturica. El hombre desnutrido que hacía peonzas se encontraba delante de ella vestido con sotana y su solideo de color púrpura.


“Cualquiera le conoce…. ¿cómo debo hablarle?”, titubeo ella. Su eminencia le dio un abrazo muy fuerte, emocionado, y estuvieron mucho tiempo sin poder hablar.


Después de secarse las lágrimas, el señor obispo le dijo a Pepa:
“Si estoy aquí es por ti Ma Pepa. Estoy vivo gracias a que me acogiste y me trataste como a un hijo. Volví a creer en la divinidad de la humanidad por usted. Pero lo mejor es que aprendí a perdonar y amar viéndola día a día,  tratando a todos con cariño. Ayuda a quien pasa por su humilde casa sin importarle de dónde venga. Es un ejemplo de que Dios vive  en cada uno de nosotros, aunque usted no lo sepa”.

Imaginaros cómo se quedaría ella.


Dicen que cuando murió, a su entierro vino muchísima gente, tanto de un bando  como de otro, solo para darle el último adiós y agradecerle el hambre que sofocó en aquellos trágicos años.

Pues esta maravillosa historia tiene este final tan bonito. Me siento orgulloso escribiéndola. Cada vez que voy al cementerio y veo su lápida sin fotografía, pienso en ella. Estaría orgullosa de su extensa y variopinta familia.  

Y ahora que acabo de terminar este texto, me voy a bailar una malagueña.


Va por ti Ma Pepa










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miércoles, 23 de enero de 2019

DIA FELIZ




Acabo de sentarme en el sofá, después de un fin de semana muy intenso. Empecé con una misa funeral, el viernes por la mañana, que está grabado en mi memoria para siempre, y termino el domingo por la tarde en casa meditando y sopesando muchas ideas que van y vienen, la dispersión mental tiene eso. La forma de terminar los fines de semana empieza a ser siempre así y desde que soy consciente de que pasarlo solo no es tan malo, los disfruto bastante.

Os contaré lo que pasó por mi cabeza en el funeral de mi amigo Antonio, durante la hora y diez minutos de preciosa ceremonia.

Debo decir quien es Antonio López Baeza, esta vez pongo nombre y apellidos. La mirada con más vida que he visto jamás. Un sacerdote amigo de quien quisiera serlo. Tenía la cura milagrosa para cualquier problema, el amor era su medicina. Tenemos la grandísima suerte de poder leer mucho de su pensamiento, era escritor y se pueden comprar de forma fácil cualquier libro suyo. Como decía, prescribía amor y la vida su mayor alegría. Compartí con él muchas conversaciones, mas por teléfono que en persona. Siempre me decía que amara siempre, que no dejara de amar sin buscar recompensa y que mi sonrisa era como un faro de positividad (yo siempre me he visto una boca buzón).

 Viendo los tiempos convulsos en los que vivimos, su mensaje es muy aplicable. Amar y sonreír a destajo. El funeral termino con una de sus últimas reflexiones, que repetiré mucho de aquí en adelante. Dicha Reflexión es: Día feliz.

Voy a hacer hincapié en los tiempos revueltos,  veo que las uniones entre semejantes de un tiempo hacia acá no son por amor, sino por Odio y miedo. Cierta nueva (antigua) política cree que en diferenciarnos, ya sea con muros o con sentimientos nacionales son la solución a los problemas socio ambientales que nos rodean. Observo con estupor gente con formación académica (siempre he tenido en alta estima a este sector) como dicen: esta vez debo votar a cual y no sé como por que la situación debe cambiar ¿Cambiar a qué?

No  voy a hacer apología de ninguna ideología, pero los salvadores de la humanidad nunca pueden ser excluyentes. Y hablar de números en vez de personas, dice mucho de su catadura moral.

Tengo una anécdota mágica que guardo de mi Añorado Camino de Santiago. Que bien podría resumir cual es la forma de ver la solución a muchos de nuestros, inventados, problemas. Esta anécdota tiene mucho del Amor que tanto prescribía mi querido Tocayo Antonio.

Una cosa es sabida del camino, es que la conexión entre semejantes es muy fácil y las sensibilidad esta a flor de piel.

Caminando con QA, discutiendo y conversando, con ganas de dos cervezas en el cuerpo. Íbamos riendo y manoteando como hijos de la Vega baja que somos. De repente hago parar a Eladio para que entráramos en un bar muy bonito en medio de un paraje maravilloso ( Todo el camino tiene unos paisajes de ensueño) y que acaba de entrar un alemán cuarentón guapo a rabiar. Debíamos parar allí mismo.

Era espectacular la ubicación, unas vistas a unos prados de cereales verdes junto con bosques de nogales. El olor a hierba era penetrante y a dos mesas de la nuestra estaba el alemán, que era más heterosexual que mis Padres. Pero la vista me la alegraba. Día feliz

Las cervezas entraban como el agua y el bocadillo de queso, anchoas y tomate ni te cuento. En eso estábamos cuando una señora, que siempre veíamos a primera hora al salir del albergue, se nos acerca. En un español italiano nos dice que si se puede sentar con nosotros. Accedemos de forma inmediata, dice que le parecemos muy simpáticos... Yo tengo que decir que me horroriza que entren a hablarme con esa dichosa frasecita, los pelos de la nuca se me erizan como cuando a un gato le enseñas una palangana de agua.

Pero mi intuición se equivocó de forma estrepitosa. Ella se veía en la necesidad de sentarse con nosotros para hablar y comentarnos que hacia un rato le habían dado la noticia, la enfermedad de su hijo era al final más grave de lo que pensaba. Ante dicha declaración optamos por escuchar, solo escuchar.

Y aquí llega la magia. Nos pidió si podía abrazarnos. Que sentía que tenía que hacerlo, sin más nos fundimos en un abrazo. Primero QA con ella y luego yo.

Mi abrazo fue de unos minutos intensos donde sentí mil sensaciones. La compasión se mezcló con la ternura y la esperanza que le intente transmitir. No nos conocíamos de nada y en esos minutos tuvimos una conexión ancestral, era como si fuéramos compañeros de vida.

El medicamento preferido de mi querido Antonio era lo que necesitaba. El amor se manifestó y por unos instantes fue palpable. Día Feliz

Encontrar semejanza y sentirse unidos. No ver enemigo a, quien desde otra forma de vida, pase por nuestro lado. Nuestra gran familia  de seres humanos debe tener la suma como principal bastión. Acabar con las barreras a base de abrazos y miradas. Terminar este ciclo nuevo de miedo con el poder de una sonrisa.

Gracias Antonio por tanto amor que recetaste.

Día feliz





viernes, 21 de diciembre de 2018

FAMILY


Las navidades están aquí y quiero que pasen ya.

No soy de los que esta contra de la bondad pasajera, los saludos por Facebook y las felicitaciones por Whatssapp. No soy el típico grinch y no Odio la Navidad que conste. No me gusta porque es cuando más melancólico estoy y empieza a hartarme sentirme así.

Siempre que llegan estas fechas me acuerdo de que me pasaba los días enteros segando hierba para los camellos de los Reyes Magos y la guardaba en el frigorífico, por si una hecatombe nuclear arrasaba con el alimento típico de los animalitos. Vaya  a ser que pasaran de largo sus majestades y mi Ibertren se lo dieran a otro. Habéis oído bien: “Ibertren”. Me fascinaban aquellos trenes no la “Nancy enfermera”.


Que no me guste mucho la navidad ahora es, en cierto modo,  por cómo vivía antes. Pues desde que tengo uso de razón la nochebuena se celebrará en casa de mi madrina, que es -a efectos- como si fuera mi abuela. En aquellos años nos reuníamos casi toda la familia de mi padre. Eran Noches Muy Buenas . Todo era caos y alegría, risas y vino, discusiones acaloradas y villancicos con mucha sorna.

Recuerdo que empezábamos la jarana por la tarde. Madre nos decía, desde bien temprano, que la ayudáramos, ya que le gustaba ir, por una vez en su vida, bien peinada y con las uñas pintadas. Pero a mis tres hermanas y a mí, lo que realmente nos apetecía era hacer lo contrario . Yo con la manía de meter hierba en el frigo.

 Imaginaos los gritos que podían caerme cuando madre, con el tiempo justo, veía que las “Robanisas” tapaban sus huevos rellenos. Hay una gran coletilla que reflejaría el sentir de mi madre y era:
  ¡¡¡Que aborresía me tenéis!!!

Llegaba la hora de irnos y, como decía, mi señora madre iba peinada de forma normal (no en modo Jaula) y las manos con olor a lejía de limpiarlo y dejar todo perfectamente ordenado antes de salir. Una cosa que recuerdo es que siempre la esperábamos los cinco en el coche.

Para llegar a casa de mis padrinos hay que pasar por un paso a nivel sin vigilancia. Este dato unirlo con lo del Ibertren


Llegar a casa de mi madrina era un momento especial. Siempre nos recibía mi Padrino, que a día de hoy tiene 89 años, ataviado con una bata de satén como la de serie de Los Colbys, la casa semi caldeada y mi madrina sin parar de sacarnos cosas para picar.


Tenía pensado  hablar de las cenas que nos montábamos, pero creo que voy a hablar de mis Padrinos. Después de mis padres, es lo más grande que tengo.Tienen ya de una cierta edad y se merecen este pequeño homenaje.

Al pensar en ellos me vienen a la cabeza muchos instantes. Podría relataros miles de anécdotas divertidas y menos divertidas, pero todas están guardadas dentro de mi corazón. Si mi me memoria desapareciera de golpe, seguro estoy de que al verlos, el amor que les tengo haría que los reconociera de inmediato.

Mi señor Padrino es muy patriarca. Trabajar con él en la huerta me ha traído muchos callos en las manos, risas y saber cómo agarrar una azada. Él es un hombre hecho a si mismo. Él sabe cómo hacer todo. Dando consejos es un figura. Os relataré uno.

Intentó que aprendiera a conducir con un Citroën cuatro latas, de esos que tiene un cambio de marchas muy primario y raro. Cambiar de marchas era súper difícil y soy un chico muy visual y ahí no ponía nada, tenía que estar mirando a la dichosa palanca. Mi padrino acabo gritándome fortísimo: “¡¡¡no mires la palanca!!! Tócala sin mirarla, como un pichín. ¿Acaso lo miras cuando lo tocas? NO LA MIREEEES”

Enmudecí, no era el momento de salir del armario.

Y qué no decir de mi madrina. Una mujer especial, sin maldad y con una paciencia infinita. A veces te encuentras con personas en la vida que todo lo hacen con amor y sin esperar nada a cambio. He tenido la suerte de que sea mi segunda madre.

Las anécdotas con ella son totalmente diferentes que con su marido. Suelo visitarla a menudo, especialmente los domingos. Sentarme con ella y escucharla es un deber que tengo con ella. Un deber que tendríamos que tener todos los que la conocemos.  Hacerla sentir que sigue siendo un pilar en nuestra familia, porque lo es por derecho, y porque quiero. De hecho los dos son muy importantes en mi familia.

Entonces sabréis, los que me conocéis, porque no me gusta hacer planes los domingos, el único día libre que tengo. Ese día es para disfrutar de mis padres, de mis padrinos y de mi familia en general.

Ah… y que, Feliz navidad, ya de paso.







lunes, 16 de julio de 2018

PROUD


Hace cuarenta años que se hizo la primera reivindicación del orgullo gay en Madrid. Vivimos un momento delicado, ya que se tienen más derechos que hace unos años, seguimos en un punto no definido. Mi carácter optimista y mi sentido del humor hace que vea los adelantos que hemos tenido las personas de mi condición.

Quien me conoce sabe que no soy muy de sentirme Orgulloso por ser gay, más bien lo vivo con naturalidad, el orgullo me lo hace sentir mi familia con las alegrías que da, mis amigos con sus metas alcanzadas y mi trabajo cuando vendo un par de gafas progresivas de 1000€. Orgullo por enamorarme (cosa que hace tiempo no ocurre) de otro hombre no. 

Como digo, lo veo y actuó de forma natural.

No fue siempre así, también lo digo. Al principio de los principios era más bien diferente. Sentir atracción por otro chico me creaba unos conflictos dignos de Juego de tronos.

Ser gay en un pueblo de poco más de 3000 habitantes dispersos en unos kilómetros a la redonda no era el paraíso que digamos. Yo fui de los atrevidos que prefería jugar al Elástico o los cromos a dar patadas a un balón. Aun sabiendo que sería diana de todos los calificativos que conllevaría, pero me lo pasaba tan bien superando a las otras chicas en elasticidad y acrobacia, que el dolor que me hacía cada vez que me decían “mariquita” pasaba a ser secundario. Pero dolor sentía, no lo podía evitar.

No quiero caer en el pobre de mí, porque no lo es. Es contar la realidad tal y como fue. Los que lo hemos vivido sabemos de qué hablamos.

Tuve que crecer fingiendo ser quien no era. Yo decía que me enamoraba de chicas y yo solo quería quitarle la ropa para ponerle otra más estilosa y moderna. Los años 90 fueron un desastre estilísticamente hablando, aunque se empeñen en ponerlos de moda.

Pasando los años, la máscara de chico hetero sensible, se fue al carajo y empezó a resbalarme todo, ahí fue cuando comprendí que era estar agusto con uno mismo. Aunque ciertas palabras siguieran removiéndome como una ortiga en la planta del pie. A día de hoy si oigo a la lejanía todo el listado de sinónimos de Gay de contexto, me hace tensarme de repente.

 Voy a contar una anécdota de hace unos días. Donde la palabra Maricón sonó dos veces y hasta ahí puedo leer. Voy allá.

Tengo un amigo que vive en Paris, ¿se puede vivir en un sitio más ideal? Creo que no, dejo de divagar. Cada vez que viene hacemos una quedada y vamos a comer o cenar en un restaurante chino donde los chinos van a comer, esto en Murcia es un exotismo os digo. Fíjate si me pareció extraño que mi primera vez le pedí la cuenta a un oriundo asiático, que pasaba al lado de la mesa, y él me dijo que era un comensal como lo era yo, con su acento típico. Yo le expuse que viniera con un cartel identificador, de esos que llevan las dependientas de H&M, la broma no le hizo ni la más puñetera gracia, acabé pidiéndole perdón. Es asombroso lo que me voy por las ramas.

Pues como decía, mi amigo y yo hicimos la quedada para comer en dicho restaurante. Siempre somos de pedir lo mismo, pero ese día me apetecía comer otra cosa y apareció ante mí, en la carta, “arroz envuelto en hoja loto” ¿Puede un nombre de plato culinario ser mas atractivo?
El paso de los años me ha hecho que desconfié de todo, que pregunte antes de lanzarme.  Y a eso me dispuse, saber que contenía dicha maravilla.
El camarero me dijo, con su característico acento:

   "Alós, veldula, jamón y Maliscón…"

Mis ojos se abrieron como un búho y gire la cabeza como una lechuza hacia él. Mientras mi amigo se rulaba a risa

 Le espeté: ¿has dicho maricón?

El pobre se puso nerviosísimo, porque era “Malisco” lo que quería decir, acto seguido esbocé una sonrisa mía para quitarle hierro al asunto. Luego recapacite sobre La importancia de una tilde bien puesta y también que aún sigue afectándome dicho calificativo.

Mi amigo es un millenial y todo esto se la trae al pairo, me contagie de él y nos pasamos riendo toda la comida.

Pero la tarde me deparaba algo más.

Cuando salimos del restaurante, nos fuimos a otro local para tomar el café y la copa.
Si es de sobra conocida Murcia aparte de su gastronomía, su alegría y su clima,  es la de Yonkies pidiendo. Hay muchísimos y siempre te piden 0.20€, que es muy poco la verdad. ¿Estará sujeto al IPC? 

Pues a mitad de camino  hacia una cafetería una señora de unos sesenta y pico, con un mono espantoso, no hablo de vestimenta que quede claro, nos aborda para que le demos 0.30€. Declinamos su propuesta de forma elegante.  Acto seguido nos dice que le compremos en un local que había cerca una lata de cerveza, de forma instintiva miro al local y está cerrado, le digo que no, mi amigo niega con la cabeza.

Ella desiste con cara de pocos amigos y se aleja en dirección opuesta. Pero se ve que no se queda contenta ya que a los pocos pasos grita: “Vayaaaaa par de maricoooones”

Me giro como la niña del exorcista y pienso que hay muchos sustantivos para hundirla, pero no creo que sea lo que se merezca ella, bastante tiene con que su adicción haya marcado su vida. También pienso, no va mal encaminada,  maricón soy algo y que ya va siendo hora de que todo me resbale más. Mientras pensaba esto mi amigo le soltó: Mari, tienes toda la razón, vaya par de maricones estamos hechos…. ¡También es verdad!  Solté de forma rápida, como una exhalación.

Aun lo recuerdo y me río, un sentimiento muy diferente a cuando tenía yo 20 años. Era oír dicha palabra e inundarme el miedo a que me descubrieran y me ridiculizaran. No es que sufriera muchas vejaciones ni el tan manido “Bullying”,  pero el sustantivo lo oía una o dos veces a la semana. 


Desde ese día estoy haciendo una terapia de choque. Me pongo delante del espejo, desnudo y repito una y otra vez “Soy maricón, soy maricón, soy maricón….” A modo de mantra. Lo digo porque quiero que desaparezca todo el miedo y la vergüenza residual que pueda albergar en mi interior. Solo los que lo hemos pasado, esto es difícil que desaparezca.

Creo que por eso es necesario tener un día para las reivindicaciones de nuestros derechos y demostrar que el amor y la unión puede ser patrimonio de todos, no solo de unos pocos. La identidad sexual, que nos viene de serie, la vivimos libremente y con respeto, no dictaminada por una sociedad que tienen en sus bases los preceptos de religiones dogmáticas.





miércoles, 14 de febrero de 2018

THE WAY


Me ha costado sentarme a escribir, por no saber qué historia contar. Es fácil escribir para no decir nada. Gran parte de los escritos que veo en mis redes sociales son parte de eso. Miles de frases contrahechas y libres de sentimiento. Posts planos donde una sobrevalorada felicidad se acompaña de fotos bobas y carentes de naturalidad. Esto no lo quiero para el Blog, que aunque tarde en actualizarlo, me gusta mimarlo.

Dicha profundidad me ha venido después de ver una película que, con maestría, te hacía pensar sobre lo maravilloso y absurdo de nuestra existencia. La película es “A Ghost Story”, de la que no pienso comentar nada, me gustaría que cada uno sacase su conclusión. 

Es una película de momentos.
Nuestra vida debería ser una secuencia de momentos agrupados junto a otros momentos de personas que nos importan. Aunque por desgracia a veces se mezclan con otros  momentos más desagradables, pero que se le va a hacer.

Aunque mi carácter se incline a la melancolía - esa de Banda sonora de Daniel Hart o Olafur Arnald-  voy a recordar una secuencia de momentos preciosos, divertidos y mágicos que viví el año pasado en mi camino de Santiago junto con un amigo precioso
.
Durante cinco días ocurrió un milagro dentro de mí. Pude ser consciente de  ver más allá de las nubes negras que te impiden ver la luz y todo de una forma sencilla y especial.

Levantarme a las seis de la mañana con el primer rayo de luz, ese que es como una guirnalda de octaedros, fue un momento único e irrepetible. Y es que madrugar mucho en mí tiene un olor especial.

Hacer el camino supuso dejar de ser espectador de lo que me ocurre a ser protagonista en todo. Pero sin egos ni pretensiones. Hay que caminar para llegar. Debes llevar tu equipaje si quieres estar decente y aseado. Aunque te acompañes de gente maravillosa, que era mi caso, y de peregrinos, el camino es un camino de soledad. Una soledad que se nutre de bosques verdes, laderas verdes y todo verde, que casualidad que el verde sea color de la  esperanza.

Caminar con música fue una gran elección. Con mi particular Soundtrack, los días los viví de forma intensa y sentida. Me asaltaban sensaciones y recuerdos vestidos de miedos, complejos y tristezas. En vez de apartarlas, que es lo que suelo hacer de forma automática, decidí mirarles a la cara, para que se me comunicaran conmigo. No había mejor momento que aquel, y los túneles de castaños centenarios invitaban al recogimiento. Todo esto siempre aderezado con un abrazo de mi amigo, también un algún palmetazo en la espalda, que nuestra amistad es eso.

 Hubo en aquel viaje un momento muy especial que voy a relatar…

Una pequeña ermita en un pueblo que tampoco puedo poner nombre fue donde ocurrió el instante más mágico que recuerdo. Llegué cansado y eso que hacia media hora que me había tomado una cerveza junto con una barra de cuarto con queso, tomate y atún. Os digo este dato por que los almuerzos a las 10:30 eran fantásticos y me sabían a gloria. Vamos  que llegué a la ermita. Y al entran la ausencia de luz y mis gafas foto cromáticas hicieron que no viera nada. Esa oscuridad me agobió de especial forma.

Como pude me coloqué en el segundo banco de la derecha. Viendo que los cristales de mis gafas tardaban en aclararse, opté por quitarlas. No es que sea rompetechos, pero nítido del todo, no veo.
Creo que fue un acierto desprenderme de mis gafas en la Ermita: todo cobraba un especial misterio, desenfocado, como un filtro de Instagram.

 Me percaté de la ventana que había en el altar, estrecha y alta. No sé si fue mi vista astigmática o que la luz empezaba a inundar la nave, pero empezaron a vislumbrar todos los frescos que había pintados, ni me había percatado que estaban pintadas las paredes. Me fijé en todos los rostros hieráticos de los murales. Me venían a la cabeza los libros de arte que me había leído. Una particularidad del arte románico era la de enseñar e infundir respeto. Cada gesto y posición de las manos mostraba un fin.

O las dos cervezas o que estaba cansado, pero estar allí me hizo que el espacio y el tiempo se evaporaran . De repente todo el mundo desapareció , hasta Q.A. Me quedé solo, sentado con las manos metidas debajo de mis muslos y con todos mis sentidos alerta ya que la situación que estaba viviendo era extraña. Un especial escalofrío me recorrió de nuca a tobillos
Allí sentí toda la esencia del viaje que estaba haciendo. El porqué de cada paso, la respuesta a cada pregunta hecha esa semana, mis ganas de llorar cada día. El no tener ampollas, que es muy sorprendente.

Necesitaba ese viaje y el más allá me lo puso en mi “camino”.

Descubrí que tenía valor a enfrentarme al todopoderoso miedo a estar solo, fuera de tu círculo de familia y amigos, casi sin dinero y ese ancestral miedo se transformó en un ridículo. Reconocí que saber perdonar también es tan necesario como beber agua. Llevar esa carga de tristeza y angustia por orgullo pesa más que dos mochilas llenas.

 Y lo más importante, siempre he estado esperando que alguien me mire a los ojos y me diga: “Te quiero”.  Dos palabras sencillas pero con una carga de magia tremenda.  Allí, sentado en un banco con carcoma, descubrí que había alguien esperando a que yo le dijera dichas palabras, que le diera, también, un poco de importancia en mi vida,  también estaba cansado de que lo machacara con melancolía pesada. Pero lo más necesario, merecía  un perdón.
Ese alguien era yo.

“Seguimos Antonio” estas palabras me hicieron volver al mundo real, cuando vi que tenía a mi amigo cerca  casi susurrándomelas, y me contó que ya había sellado nuestras credenciales y que debíamos seguir. Tuve las necesidad de abrazarlo para acto seguido darle las gracias.

 Claro que debíamos seguir, pero seguir siempre. El camino no ha hecho más que comenzar y es tan bonito que emociona.